EDITORIAL

Todos los meses nuestro director, Carlos Montenegro, publica una editorial hablando de los temas coyunturales de las regiones con el objetivo de dar a conocer el rol de la academia en el desarrollo sostenible del país.

¡Te invitamos a leerlas!

Ante esta coyuntura, ¿cómo comenzar a pensarnos?

Por: Carlos Montenegro, director del Centro de Estudios de la OrinoquiaCarlos Montenegro, Director CEO

¿Cuáles son las reflexiones que podemos tener en estos tiempos tan inciertos? ¿Hacia dónde podemos y debemos dirigir nuestra atención? ¿Qué nos ha enseñado, hasta el momento, esta pandemia?

El Covid-19 llegó para interrumpir completamente nuestras vidas, nuestras rutinas, nuestros hábitos y nuestra normalidad. Esta coyuntura, sin duda, nos obliga a observar muchas cosas de esa normalidad que vivíamos, y que ahora se ve alterada. ¿Qué nos servía? ¿Qué no? ¿Qué es prescindible en estos momentos? ¿Y qué es absolutamente necesario, siempre?

Y aunque a estas alturas es muy difícil tener respuestas absolutas, sobre cualquier tema, si nos podemos atrever a reflexionar, a intentar respondernos esas preguntas, y delimitar, de alguna manera, cómo vamos a cambiar cuando todo esto pase. ¿Cuál va a ser nuestra nueva normalidad?

El pasado 6 de marzo estuvimos en Paz de Ariporo, en el encuentro de alcaldesas de la región. En esta oportunidad compartimos el trabajo de emprendimiento juvenil que hemos desarrollado desde el CEO con el fin de fortalecer los proyectos de nuestros jóvenes universitarios y de la Orinoquia, un proyecto que llevamos gestionando desde hace 3 años: el Centro de Pensamiento Estudiantil Orinoquia, y su revista Llano Adentro. Esta revista cuenta con más de 60 estudiantes de diferentes disciplinas y semestres, y materializa un sueño de producción de conocimiento y análisis de región, desde la perspectiva juvenil.

Acá hablamos de la importancia de tener un plan de trabajo, un plan financiero, de mercadeo y comunicación, y de que todo esto esté ligado a nuestras fortalezas y conocimientos, pero que también tenga un propósito detrás que busque el desarrollo de la región, que cuide los procesos de producción y que responda a las diferentes necesidades de las comunidades. Hoy, este trabajo de emprendimiento juvenil cobra mayor sentido.

Durante estas semanas de confinamiento hemos sido testigos de la creatividad, solidaridad y empatía que millones de personas alrededor del mundo han tenido. En estos días se han compartido clases virtuales de todo tipo de prácticas, tutoriales, conciertos, foros de discusión, programas de radio, presentaciones escolares, y hasta fiestas virtuales. Por supuesto, en muchos de estos casos los líderes han sido los jóvenes.

El mundo va a cambiar una vez superemos esta pandemia. Desde la manera en que trabajamos, aprendemos, hasta como producimos y consumimos. Desde ya vemos estos cambios pues estos días de cuarentena mundial han sido un respiro para la tierra. En las principales ciudades del mundo la polución del aire ha decrecido, así como las emisiones de CO2 a la atmósfera a raíz del cierre de las industrias y la baja circulación de medios de transporte. 

Por lo cual, el Coronavirus es una oportunidad que también se nos presenta para comenzar a pensar, y realmente implementar, diferentes formas de producción y de consumo, que respondan a un crecimiento local, sostenible y que tengan como centro el bienestar de todas las personas, y el cuidado de nuestros entornos. Y que, en consecuencia, eso se refleje en el desarrollo de las regiones. Las nuevas generaciones también serán las que lideren estos cambios y estas nuevas estructuras, que ojalá sucedan.

Y por eso acá, más que un llamado, son unas palabras de aliento a los jóvenes que tomarán, en gran parte, las riendas para reconstruir la nueva normalidad, para que continúen trabajando en proyectos que procuren el cuidado del medio ambiente, como ya muchos lo hacen.

Desde la academia, nuestro compromiso debe ser apoyar ese ordenamiento de la nueva realidad, pero también desarrollar esos proyectos que procuren la equidad, la sostenibilidad ambiental, la disminución de la pobreza, el acceso de toda la población a los recursos vitales, y así mismo, formar profesionales que aporten a estos objetivos. Nosotros debemos ser gestores de procesos productivos innovadores, enlaces entre la región y el centro del país, y generadores de conocimiento, de manera que a través del diálogo y acuerdos con las comunidades se diseñen proyectos viables, duraderos y replicables. Y que ese nuevo camino para pensarnos construya nuevos acuerdos sobre lo esencial.

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